jueves, 31 de julio de 2008

Género, no



Alguna vez intenté escribir un cuento sobre vos. Fallé en el intento. Hoy advierto el porqué de aquel fracaso. No puedo escribirte más que en versos, en conjuntos de líneas que no llegan a ningún puerto. Los cuentos tienen final, aunque sea uno que deje libre la interpretación. Pero esto fue (es) tan inconcluso…

Esa noche glacial, fueron sólo sombra; una cómica tragedia trascendental, un empeño en sonreír al más profundo de los dramas, una forzada transformación en comedia.

Un resumen de tu vida sin mí. Exploraste mis reacciones ante tu indiferencia, estudiaste minuciosamente los gestos, las miradas, los estremecimientos.

Sin embargo, no sos cuento, sos poesía.

Sin embargo, no sos prosa, sos versos.

Sin embargo, no sos novela, sos lírica.

Sin embargo, fuiste presencia, sos escrito.

Me encargo ahora de revivirte en una gota de tinta. Me ocupo de silenciarte en una nota de sinfonía. Me desvelo en la búsqueda de perderte. Me libero de mi inconciente anhelo a través de sueños. Me encomiendo, ahora, asesinarte en esta hoja, acuchillar tu vudú, acribillar tu recuerdo.

2008

martes, 29 de julio de 2008

Compensar


Escupámosle al reloj, a la conciencia, a la precisión que adolece el espíritu, a la esclavitud que nos somete.

Escupámosle al recuerdo, al rencor, a la lluvia que nos alejó, a la nieve que estuvo y a la cicatriz que aún no sanó.

Escupámosle al ruido, a las calles de asfalto, al cielo escampando.

Saquémosle al pino sus frutos y tiremos las risas al fuego.

Pidámosle al humo que eleve con él este encuentro, que llene los cerros de incienso, de éste tan nuestro, tan mío, tan pretérito.

Absorbamos, de suelo y cimiento, alguna que otra fortaleza y transportemos con aire todos estos lamentos.

Contale, humo, a los vientos, que no tengo apuro ni pienso; sólo necesito ahogarme en ningún recuerdo.

Pedirle a los pies que estén fríos, después de ningún invierno, sabiendo. Sabiendo, por dentro, vivimos en una hoguera.

Intentemos llevarle al pueblo las citas, los triunfos, los truenos. Quedémonos en el pasto, sólo los ojos abiertos.

Enero de 2008

lunes, 21 de julio de 2008

Y un aire desairado


Y así pasa el resto.

Otro día más, gris.

Y una burbuja refleja colores

que se van extinguiendo.

Una burbuja aparentemente vacía.

Pero cuando la mirás...

se torna luna opaca.

Miedosa de que la encuentren.

Las nubes no se inmutan.

Siguen consumiendo agua y más agua,

dejan tan poco húmedo el ambiente

que cuando implotan o explotan

(qué importa eso acá),

se van llenando de la nada

que antes no tenían.

Es una burbuja,

Qué le importan las nubes.

Sin embargo, deberían, ¿no?

Quizá. Pero sólo es aire.

¿Cuánto puede afectarle que un diluvio

(parte de sí) se deshaga, y vaya

conformando una realidad que ya no existe?

Sí. Tampoco está renegrido el cielo, sólo gris.

Se tiñe así para crearte esperanzas, te engaña.

Pensá que va a mejorar, delirá.

Total... qué cuesta…

Hay posibilidades todavía de que cuando llueva,

la tierra absorba el agua y ya no vuelva al ciclo;

las nubes blancas se descubran aire,

(ése, que alimentará el celeste que todos anhelan).

Sí, sí. Quizás... algún día...

02/11/05

Sustantivos propios


Me fascina inventar nombres cuando conozco a alguien, jugar a ser otra. A veces quisiera ser hombre, idear historias extravagantes, imponer respeto con la mirada.

Hoy me llamaría Antonia, no sé la causa, sólo así apetece. Ayer era Anacleta , quizá mañana sea Romualda. No sigue ningún hilo lógico, menos una cronología, es únicamente a antojo.

Piso el mismo suelo que miles de nombres, utilizo el asiento de colectivo que cuántos cuerpos habrán tocado. Cuántos Eugenios, Heráclitos, Leopoldos, Pancracias, Rigobertas, Cletos habré cruzado en alguna calle… Pertenecer a una raza, a todas esas razas únicas con las que topo constantemente.

Que la piel mute, se extinga arrugada, agriete, perpetúe en los años, la indefinible e inconmensurable cantidad de años que agrupa la población con la que convivo paso a paso. Podría convertirme en lo más anciano y múltiple que jamás haya pisado esta tierra.

Marzo de 2008

Oníricas

“Soñaba en colores y me sentaba en la cama para ver mis sueños”*.

Algunos eran grises, mojados. Sí, mojados… por la humedad. Un descuido, lo admito, a veces no regulo lo imprescindible. Otros eran en invernaderos, verdes y morados. Quizás uno azul, manchado de tinta, como cuando escribía con la pluma, allá, en segundo grado. Unos insignificantes eran amarillos, papiros antiguos. Escritos con letra gótica, decorados con memorias.

Pero los más importantes eran rojos. Con ellos no soñaba, me internaba en el cielo, me hundía en él como en un orgasmo, sintiéndome viva. Más viva que nunca. Y encerraban deseos, sentires, palabras mudas y un centenar de heridas producidas por el mismo rojo. Rojo de pasión, de sangre que sangraban las heridas.

El de aquel día era distinto. No era mi rojo pasionado. No era verde, morado, gris ni amarillo. Era arcoiris con franjas, soles y tormentas. Una de esas tormentas blancas resucitada de sequías. Ésta escondía algo. Llevaba presa en una gota toda mi historia. Presa e impresa, en un gota de cristal. En la gota, yo. Y sueños con títeres y marionetas. Pero en mi mano, una rosa seca. De sueños secos. Como los desiertos. Desiertos egipcios, arenas y pirámides. Una gota en el desierto. Una tan seca que humedeció el desierto. Y lo inundó de sueños. Claros y oscuros, beiges y negros. Azabache como mis negritos del África, a los que les sangraba el alma, se desangraban dejando huellas rojas. Como la rosa, seca. Secó océanos profundos. Navegué por el Atlántico, a la deriva. Llegué a América. Ahora verdes del Amazonas y madera, color selva. Salvaje y sempiterna.

Súbitamente una lanza selvática, americana, atraviesa mis sueños. Rojo. Esta vez otro rojo. Otro rojo en las sábanas de mi cama, donde soñaba en colores, sentada para ver mis sueños. Y cae una rosa roja al piso, seca de sueños, vacía y despierta.

*Tomado de Javier Villafañe del cuento “Soñar en colores”

25/08/05

domingo, 20 de julio de 2008

Somos



“Me moldeó muchas caras esta sumisa piel […]”

(OLGA OROZCO: “Los reflejos infieles”)

Sos tan adulto cuando se trata de nosotros. Simple, lineal, rutinario.

Yo chiquita, ciclotímica. No soy y soy, un algo, completamente… No.

Sos un nene, a veces crecés y volvés inmaduro a mí, a jugarme, a pelearme.

Yo muy seria, indignada, regaño tu niñez.

Sos tan indiferente cuando se trata de nosotros. Distraído y ocupado en tu labor.

Yo esperando, quieta y sensible.

Sos tan ingenuo cuando se trata de nosotros. Desgarrado totalmente y obstruida tu mirada.

Yo inmutable, quieta y perversa.
Fuimos.
Pero no somos.
Somos lo que serás vos.
Somos lo que seré yo.

Sólo sos vos.

Sólo soy yo.

Solos.

17/12/05

Comisura


Es la mitad izquierda de tu labio inferior, la que me extravía, la que me pierde junto con tu mejilla. Enloquezco cuando no existen más centímetros de distancia entre tu boca y la mía. Los contornos mimetizados. El ángulo perfecto.

La mitad izquierda de tu labio inferior me fascina, como la imagen que espío cuando no debo, la tentadora imagen de tu comisura enredada con mis dientes. O la sequedad de boca, con las palabras vanas pronunciadas. Y es que si te dieras cuenta de la necesidad nula del discurso. Ya sé lo que dirás, ya sé lo que contestarás cuando hable. Pero así y todo, son los contornos de tu boca y el desierto enmudecido que me incita a humectarlos, a sentir correr un arroyo, como oasis en tus fauces.

2006

Desnudarme, de vos


Cuándo terminaré de desnudarme de vos

cuándo mis entrañas dejarán de azotarme,

de recordar culpas ilusorias.

Cuándo podré reinventar intereses,

fingidos paisajes abarrotados de juventud.

Y de nosotros solos y tan solos

que ni siquiera necesitábamos a uno mismo

para completar los espacios.

Si te hubiese podido decir,

si te hubiese vomitado a la hora justa,

aunque siempre lo hago más tarde.

Por qué será que el tiempo me persigue,

me inculpa, me cubre de soledad.

No estarás escribiendo como yo,

pero anoche, anoche… eras vos, lo sé.

Y ahora, en un escrito más en el cual estás,

me pregunto si no habré mentido al creer

todo lo que había asegurado.

Siempre es tan tarde.

Estoy vieja y alejada de mí,

me es imposible responder.

Podrás responder…

2007

Sobre un crepúsculo y una infancia

Cuando intente abrir los ojos, el vacío caerá sobre mí como una tormenta helada, no seré más que cenizas. Pero mientras tanto, seguiré desnuda, sumergida en este cementerio de hojas, sintiendo cómo la vida me pasa por un costado sin dar cuentas ni excusas. Sólo me deja envejecer mirando al cielo, cuestionándome sobre tanto y deseando respuestas sin contestaciones. Que nunca acudirán, lo sé. Y temo moverme pues cuando lo haga, más rápido pasará el tiempo viendo cómo mi cuerpo se vuelve papiro. Prefiero seguir así, observando las nubes viajar, trasladando con ellas sueños y esperanzas de infantes que aún no han perdido su inocente ilusión. Ver sus alegres felicidades reflejadas en esponjosas imágenes, puras sobre el cálido crepúsculo que va bajando sobre mí. No me aplastará, lo sé. Pero me resulta inevitable hundirme aún más, convertirme en más pequeña, mientras el sol va atrayendo ese azul ennegrecido que tiñe el cielo y enciende las estrellas, ahuyentando a un anaranjado rosáceo que matiza el campo con su pincel natural.

Esperaré, esperaré que el alba se entone del color del infinito, trayéndome sueños, devolviéndome a la chiquilla que tanto añoro, esa niña que perdí sin darme cuenta y que con tanto dolor enterré en mí pensando que al crecer sería más libre, olvidando que lo fui, mas con las responsabilidades malgasté la libertad. De nada me sirve estar atada a este mundo si podría volar sin siquiera recuerdos ni vestigios de lo que algún día fui y no quiero volver a ser.

Sólo la noche, con su tímida brisa primaveral que se deposita sobre mí, sabe lo que siento. Y el alma vaga, con la corriente, seguirá buscando todo ese mundo que ni siquiera existirá jamás.

Pareciese que el fuego de la tierra me absorbiera a sus entrañas, sin lugar a escape, sin rumbo ni ganas. Me dejaré caer al centro de esta llama inapagable, quizás así sea mejor, el calor y las flamas apaguen las penas que me ahogan y me acabe de consumir totalmente.

Todas las palabras que nunca pude decir, se fundirán formando un único vocablo, imposible de descifrar.

Y el murmullo de la ausencia y el silencio en la presencia, harán que mi ser se sienta tan cargado de nada, con un peso insostenible que me derrumbará, dejando ojos sin brillo de vida, labios secos tan llenos de palabras que se disipan ahogadas, encerradas en el interior. Abro la boca, lo único que logro es engañar al cuerpo, invadiendo mis pulmones de aire, porque las letras se espacian aún más, desmoronando cada frase, desmembrando cada oración.

Los acordes de mis cuerdas vocales han de escapar una melodía muda, cuyo compás mece este mundo, conforma una canción con sentido perdido, el acompañamiento invisible ondeará los oídos, cosquilleando en el pecho, trazando la derrota de la vida.

02/06/04

Aberración



Entre quijotes y sanchos

inquiero en la grieta/esencia,

trazo un estilo de silueta

que materializa mi demencia.

Y así, cual nada pasara,

bifurcando cuerpo y mente,

ya no hay quijotes ni sanchos,

no tengo realidad permanente.

Un aire de sensata mesura,

perturba mi habitual delirio.

La luna en caída libre,

pierde todo, todo equilibrio.

23/10/05

martes, 8 de julio de 2008

Otros parámetros


Pretendo imaginar una poética más allá de las gramáticas, más allá de las letras, más allá de las palabras. Una prosa que exprese no ideas, no argumentos, no pretextos. Un escrito que abarque todos esos espacios que nadie llena, que a nadie importan. Una novela sin protagonista, sin drama. Una dramaturgia sin escenario, sin personajes, sin peripecias. Un ensayo sin hipótesis, sin conclusión. Un libro sin páginas, ni portada.

Mi pretensión es idealista, mi deseo una utopía, mi querencia un imposible.

Quiero un mundo sin bibliotecas. Porque el mundo debe ser biblioteca. Porque las personas deben ser personajes. Porque la sociedad debe ser marco. Porque las circunstancias deben ser tramas. Porque los hechos deben ser peripecias. Porque la naturaleza debe ser escenario. Porque los árboles con hojas deben ser páginas. Porque los dramas deben ser comedias. Porque las risas deben ser hipótesis. Porque el placer debe ser la portada. Porque vivir debe ser conclusión.

08/07/08

miércoles, 2 de julio de 2008

Inventamos


Sacamos a pasear la esquizofrenia

Disfrazamos con ironías los tormentos

Embellecemos la hipocresía con abrazos

Comerciamos la amistad en una feria

Pisoteamos las figuras de inmundicia

Predicamos a ambos lados nuestro arte

Encontramos tantas formas de no encontrarte

Perdonamos y admiramos la miseria

Absorbemos personajes de otra historia

Pretendemos ser piezas de estos textos

Inventamos y creamos instrumentos

Olvidamos conservar nuestra memoria

marzo de 2008

martes, 17 de junio de 2008

Y era humo

Y era humo y aire y cenizas.

Y era un país sin nombre, un país sin pueblo, un humo impotente, una suma de nada, una resta de todo.

Y era el humo el que peleaba, peleaba entre todos los humos, para ser él, para ser humo, para ser más.

Y era el humo el que poblaba, y era un campo sin vacas, y era un campo sin pasto, y era un campo sin campo.

Y era el humo el que poblaba, cacerolas sin comida, las calles inundadas de campo, de humo, de nadie y de todos.

Y era el humo el que poblaba, los camiones sin comida, las alacenas vacías, las barrigas insatisfechas de todos los más menos.

Y era el humo el que poblaba, adentro y afuera; y a los que están arriba, también les llega el humo.

Y poblaba, sí, lo hacía, adentro y afuera, y más adentro y más adentro. Era como el humo del asado, de la carne… qué ironía.

Que no lo manden afuera, que no lo dejen adentro. Que todo sea de todos. Que nada sea de nadie. Que no se busca un comunismo, una anarquía, una dictadura. Se busca, entre el humo, un país. Se busca, entre el humo, gente sin hambre. Se busca, entre el humo, un pueblo que sea pueblo. Se busca, entre el humo, un país con nombre. Un país sin humo, un país descacerolado, un país; Sí, un país.

17/06/08

jueves, 5 de junio de 2008

Broto de mis versos


En la ausencia presente,
tu presencia perdida

24/07/05

Eclipsar


Eclipsamos sentimientos,

nihilistas de aflicciones.

Espiramos polvorientos

recuerdos de estaciones.

Traficando conmoción,

Embajadores de alexitimias.

Pirateamos con pasión,

Indeseadas alevosías.

2005


Como si precisáramos la mentira


Frecuento miles de imágenes

Permanentes o fugaces

Vueltas y revueltas.

Concurro y recurro

A un mundo imperfecto.

Tal vez despego,

Pero no quiero creer.

Sólo voy a actuar

A que todo resbala,

Resbala como un tobogán

Cuando llueve.

Entonces sirve la lluvia,

Cuando ayuda a lo que gusta.

Sigamos actuando,

Somos:

Actores

Guionistas

Directores

Productores

Y público.

Más que nada público,

Espectadores refractados

Que hoy protagonizamos,

Pero sólo podemos ver

Cuando de un golpe nos sacan

Como si precisáramos la mentira.

19/04/05

lunes, 2 de junio de 2008

Espiral


Lleva las nadas a cuestas.

Coma espiritual.

Parpadea,

Entonces, el oleaje de tactos

con el humor vítreo

se estremece, resurge de

añejos sollozos y

la espiral perenne

fenece entre marcos

y óleos. Se desliga

de la pintura memorial.

De ignota existencia.

13/10/05

jueves, 29 de mayo de 2008

La muda



La habían planeado mujer, la concibieron sin palabras. Ella, su madre, la gestó muda. Él, su padre nunca le habló a su madre. Ella, su madre, la abandonó al olvido. Ellos, sus padres, se dieron a la fuga.

La llamaban la muda. La creían sin palabras, la pensaban sin pensamientos. La trataban como un animal, la sabían sin lenguaje. Le quitaron la dignidad, la condenaron a la miseria, la encerraron en una jaula, la castigaron con los silencios.

La esclavizaron a lo salvaje, la enjaularon en una selva, la consagraron virgen violada, la forzaron a la reserva. Le sustrajeron la inocencia, la presumieron enferma, le comprimieron el orgullo, la aprisionaron en su indignidad.

Ahora les habla la muda. Y es a mí a quien sometieron; ya no sabré pensar, ya no sabré parir.

Se vieron crímenes y atrocidades, se supusieron afonías ante calamidades.

Hoy, la muda no sabe hablar. Hoy, la muda va a escribir.

29/05/08

lunes, 26 de mayo de 2008

Repartidor


Llegó carta de Córdoba. Esta vez era un hombre de unos cuarenta y tantos, en un viaje de trabajo que se había extendido varios meses. Llevaba medio año sin ver a su esposa, la extrañaba tanto, y deseaba saludarla como lo hacía todas las mañanas, con un cálido beso en el desayuno, una mirada tierna, una caricia en el pelo. Vivía en un barrio de Capital, una zona tranquila, librada de las obras en construcción que tanto molestaban en esos días. Se encaminó hacia la dirección que indicaba el papel. Tomó los recaudos de seguir al pie de la letra las instrucciones detalladas por el signatario. Al bajar del colectivo, anduvo las cinco cuadras, media a la derecha, cruzó. Se encontró efectivamente, tal como lo anticipaba la nota, con una puerta de madera henchida, de un verde estropeado y abundante perfume a humedad. Tocó una vez el timbre, dejó pasar tres segundos y reiteró el toquido, pero con una pausa mínima; lo que se extendió a tres veces. Por la ventana asomóse, husmeando entre las cortinas, un pequeño perro de orejas largas, flacas y entristecidas (le recordaba a una fotografía de su abuelo cuando niño). Segundos más tarde una voz asombrosamente femenina sucumbió, causando la huída del can y un ligero ladrido pequinés. El ojo de la mujer portadora de aquella voz hizo su primera aparición a través del ojillo de la puerta. Corroboró que el repartidor tuviera la seña de la que le había advertido y con un alegre golpe seco, abrió la puerta. Sin emitir palabra, extendió su brazo en señal de que pasara. Eugenio, acostumbrado a aquel tipo de situaciones, olvidó por completo sentirse incómodo. En cambio logró apreciar los delgados huesos de la señora, que junto con una piel pegada a ellos, consolidaban una imagen cuasi imperceptible. La tomó por la espalda con su brazo derecho, con el izquierdo terminó de cerrar la puerta. Luego, corrió el mechón de pelo que tenía ella sobre su cara, lo extendió hacia atrás y lo sostuvo con la mano sobre el resto de la mata de cabello. Había quedado impresionado con los ojos. Si bien ya había visto un anticipo a través de la mirilla de la puerta, notó sin su mediación lo increíblemente hundidos y grises que resultaban. Admiró también la finura de sus labios, la flacidez de las mejillas. Todo en ella conformaba una estupenda silueta humana. Una ráfaga de responsabilidad turbó su admiración hacia aquella dama. Miró una vez más sus ojos, hizo una caricia perruna en su cabeza y le dio un beso seco. Se echó hacia atrás para recibir la respuesta con todo su ser. Aureliana, con un gesto de aprobación, entreabrió la boca, mostrando unos enormes dientes alineados con rectitud de regla, blancos, cuidados con extrema conciencia. Se acercó hacia la boca de él y juntos compusieron un arrumaco sensible, decoroso y pasional. Pasados unos minutos, cuando ambos hubieron quedado saciados de tanto besuqueo, ella, sonrojada se tornó de espaldas, sacó de entre sus pechos un fajo de billetes y con confianza lo introdujo en el bolsillo de la camisa del repartidor. Él, cumplido, hizo un gesto sacándose la boina, con una seriedad impenetrable abrió la puerta, marchándose sin soltar las gracias.

22/05/08

viernes, 25 de abril de 2008

Pretérito imperfecto



Hay una sola forma de evitar el contacto con estas sensaciones, y es vivir en el pasado. Pero no en cualquier pasado, en el pretérito, en ese pretérito imperfecto.

Tenga el lector mucho recaudo de no confundir la perfección de mi pretérito imperfecto. No es que fuera imperfecto, sino que era perfectamente imperfecto. Cómo explicarlo… Si en cuanto a competencia lingüística o gramatical se tratase, daría por sentado que usted sabría. Mas no voy a caer en obviedades, las cosas deben decirse.

Mi pretérito perfectamente imperfecto era una perfección continua, sin comienzo ni fin. Pues bien, de eso se trataba.

Hoy se vive con un gran esfuerzo por evitar ser capturado por ese pretérito, por conjurar un futuro compuesto perfectamente. Los pluscuamperfectos son un gran engaño, simulan haber vivido con anterioridad y por eso se estiman superiores. Ni hablar de que el presente es el más aburrido de estos imperfectos tiempos verbales. Y con verbales me refiero al Verbo, a la palabra, a la persona, a la no persona, al diálogo de aquel pretérito.

Ahora no sé si perfecto o no; pero lo que sé es que fue, y ya no es. Había sido, habrá sido, pero ya no está siendo. Era, y ya no será.

25/04/08

Vacante


Acumulo los vacíos de tantos hombres. Colecciono rechazos y los tiro por doquier. No me jacto de ellos. Pero, qué más he de hacer. Me lleno de ausencias y estoy sola otra vez. Es de esas infinitudes insaciables mi recuesta. No tengo ningún tipo de remedio, tampoco existe una reversa. Tan difícil es hallar comodidad… Un abrazo que se sienta, una mano que haga música con los cuerpos.

Vencida. Voy a seguir entre almohadas y libros, queda un espacio, mas no cualquiera ha de entrar. Una mediad de cuerpo, de alguna manera tendremos que complementar.

Es un imperio mi demencia, ay de aquel que no esté conquistado. Pero presentaré renuncia, si sigo perdiendo terreno.

Es el terreno el que ausenta, ese que fue tan amplio, enfermizo. Me hacía bien de una manera absurda.

La ilusión sigue rondando en mí, impartiendo juicios erróneos.

Soy perversa, una de esas peligrosas visiones. Que mi locura es irremediable, que mis silencios son agonías de hombres, que mis manos tan poco delicadas siguen conjurando planes malévolos… lo sé demasiado bien. Lo sé hasta perderme en la seguridad y ser una pequeña y volátil ceniza. Como un fósforo dinamitado por las sudestadas.

Como yo hoy, enlluviada y a la espera. Entrajada de espanto, temblando de mí. Me aterrorizo. Llena de cenizas convulsiono al mirar mi mente. Congelada ardo. Sigo bostezando por mis viejos fundamentos de vida. Quiero despegar hacia una nueva religión donde no haya luciérnagas que fermenten, sino desconocidos habitantes que me sometan a estar acompañada y ser otra, más. Basta de bastos, espada, sangre. Y ahora, la copa, hecha de oro, se llena de mí, para secarse de vos.

2007

Sordina


Torcería mi forma de pensar, la doblaría, un bollo, a la basura. Me azotaría, flagelaría, crucificaría, suicidaría. Estornudo y sigo sacando microbios, tus gérmenes. Esos que sembraste cual cizaña, ahora arraigada a mis pulmones, a mis cinturas, a mis hombros. Nacieron como extraños en terreno desconocido. Ahora estoy inundada de vos y cansada de estarlo. No hay qué pueda recorrer sin tenerte. No quiero escribir más sobre vos. Lo suplico. Vivir sin tu culpa hostigándome, sin tu comisura mordiéndome las pestañas, sin tu voz encerrándome en mis propios silencios aislados de vos que ya no tienen ningún sentido. Silencios sólo profundos con y por vos. Ahora tan insulsos, como todo. Si supieras, entendieras las razones… Pero tenes razón, es tarde. Tu guitarra no está más. ¡Tu guitarra…!

2007

Pretensiones


Quiero ser un oso, hibernar y dormir. Olvidarme de todo.

Un koala, quizás. Aferrarme a un árbol, vivir de su alimento. Recorrer cada eucalipto del bosque.

O mejor un mono. Esos sí que son divertidos, todo el día con monerías. Encima comen banana.

Los caballos me caen bien. Ico corre todo el día con sus amigos en busca de arroyos. Me hacen reír.

Un perro. Me miman, me alimentan, una cucha. Si es una familia generosa: hasta huesitos de goma y otros chiches.

Pero… ¿Para qué quiero ser todo eso?

Debe ser que después de ocho meses y medio de estar acá estoy cansado de esta sociedad materialista, consumidora y egocéntrica.

Mami: Ojalá nunca me saquen de tu pancita. No quiero vivir en carne propia lo que imagino, es allá afuera…

2003

Porque quiero


Me da bronca porque quiero. Me da bronca porque no me es indiferente. Me da bronca porque todo el tiempo me frustra la impotencia de cambiar lo que es mi entorno. Tanta porquería y yo acá sentada, escribiendo... Escuchando violencia, sintiéndome desahuciada dentro de un mundo que no está hecho a mi medida, que obliga a adentrarme en mi mente para inventar otro mundo más flexible, más moldeable a la perfección. Siento cómo asfixia que no sea así, cómo punza en la garganta.

12/11/06

Enmoño



Cuando era chiquita, Mamá siempre me peinaba y me ataba moños en el pelo. Los ataba bien, bien fuerte, me llenaba la cabeza de moños… No sé bien cuándo fue que de tan fuerte que estaban atados, se fueron adentrando, y ahora mi cerebro está revuelto con moños. Algunos se enredaron con recuerdos, otros con pensamientos, el resto con mi capricho artístico. Ahora nomás hago cuadros enmoñados y que se despeinan.

Debe ser que después de tanto despiole, cada cuadro que hacía, iba quedando con un pedacito de materia gris, enroscada con moños de diferentes colores.

2006

Eustaquio

Eustaquio nació hablando. No recuerdo ya si fue hace seis o siete años, no hay una fecha precisa. Nació por ella, le dio vida su llanto.

Creaba historias delirantes para satisfacer una inquietud de charla. Con el tiempo fue perdiendo voz. Hoy ya no puede ser como antes, mientras ella siga creciendo. Algún día, quién sabe cuánto falta, no será más que un vestigio de su infancia. Pero él seguirá existiendo, lo hará siempre y cuando la niña (ya no tanto) conserve intacta su ingenuidad y capacidad risueña.

Eustaquio no es más que una parte de mí, pero cuántas veces he deseado ser totalmente él…

marzo de 2008

Caracol


Solía recorrer toda suerte de museos, bibliotecas, teatros, centros comerciales, galerías. No tenía ninguna clase de atracción artística para con el arte… ni cuadros, ni esculturas, ni arquitectura, ni libros, ni obras de teatro, ni disposición de mercadería, ni análisis sociológico, ni nada por estilo. Paseaba por esos sitios que tuvieran escaleras, las estudiaba, las examinaba minuciosamente, las pisaba regodeándose de ello y luego las besaba con el pensamiento. Podría sonar irónico, pero las tenía en un altar.

Contaba los escalones, los repetía, inspeccionaba si variaría en algo el hecho de que se subiera o se bajara. Efectivamente se producía un cambio atroz. La perspectiva era tan diferente. Los objetos iban en otra dirección, miraban con otros aires, se plantaban de otra forma frente a él.

En los centros comerciales se paseaba por las noches, cuando todos los locales estaban cerrados y las escaleras mecánicas apagadas. La sensación vertiginosa que producía pisar cada escalón cuando en realidad debería estar elevándose sin que uno tuviera que mover los músculos de las piernas, haciendo un esfuerzo sobrehumano para poder levantar los pies de aquel magnético piso móvil y engañoso.

En los museos admiraba las empinadas escalinatas con peldaños de granito cubiertos por lujosas alfombras bordó.

Visitando bibliotecas descubrió que aquellos anchos y fúnebres escalones de madera escondían años de sabiduría, de anécdotas polvorientas.

Sin embargo, la mayoría del tiempo, lo que más disfrutaba era pasar las horas escalando por las espirales acaracoladas de las galerías.

Esa madrugada había salido con el traje de alpinismo, por si se topaba de casualidad con alguna montaña en el camino o quizá, escaleras dignas de encumbrar. Se acercó con paso terco y decidido. Al pie de este monstruoso adefesio caracolesco, se puso de rodillas, tomó con la mano izquierda su cadera y con el índice derecho dibujó sobre la primera grada una especie de signo indescifrable. Inclinó su cabeza, profirió una frase espiralada, se descalzó y sin más se dispuso a ascender.

Lo hacía concienzudamente, no dejaba atrás un pie, sin haberlo premeditado con todos los escrúpulos necesarios, así le llevara lo que le llevara. Cada escalón tenía su encanto, su historia, su exigencia de ser tomado como único, de ser amado, de ser pisado con cada milímetro del pie, de forma correcta, sin error alguno.

Lo curioso es que luego de haber contado tresmildoscientosdiecisiete, se paralizó. No porque estuviera cansado, su cuerpo jamás se fatigaría en la escalada de aquel monte de cemento curvo, sino porque su capacidad sensitiva se había atrofiado y ya no sentía como antes cada pisada, ya no le otorgaba aquel placer capaz de transformar las minucias en inconmensurables pinchazos del piso en la piel desnuda. Tampoco podría abandonar el rito a esa altura de las circunstancias.

Tomó fuerzas, obligándose con voluntad y desprecio arrastró en una última convulsión su cuerpo desfallecido hasta una puerta de vidrio opaco. Sobre ella, una inscripción en metal dorado relucía debido a la luz que emanaba la masa tendida, dejando entrever una inscripción: “aquí yace un héroe moribundo, había recorrido tanto para encontrar ésta, su casa, su escalón confortable”.

03/04/08

Más tierra a la tierra


Te reías siniestramente, un payaso riéndose de su público… Escribías en un mármol algo, pero una espalda mimesca impedía que se vieran las palabras que formaban tus letras talladas. Siempre había pensado que tu grafía tenía mucha fortaleza, quizá ahora aquellas especulaciones lejanas, cobraran significado.

Una inquietud extrañamente aquietada invadió mi cuerpo. Primero había creído que era otra obra más que se estrenaba, una más en la que triunfaban el orgullo, la miseria, una soledad nueva incrustada en los huesos. En una segunda instancia supuse que debía ser alguna de las ironías crudas, perversas que congeniaban (antes solíamos congeniar). O por otro lado, hundiéndome en cavilaciones aún más inauditas que lo común, vislumbré la escena mentalmente.

Te acercabas y te alejabas, una imagen intermitente. Pero cada vez era más débil. Una sombra entrometida impedía que se viera el cuerpo completo. Iba oscureciendo, no se sabía si era un cuarto, un río, una intemperie; sin duda, un rincón álgido. Ningún objeto se presentaba cercano para colaborar con luz a la renegrida acción. Me confundí repentinamente al oír un saxofón, y esa batería. Te vi en el redoble de los platillos, te vi emanando aire y armonía desde la boca de ese instrumento, te vi perdiéndote en esa borrasca con las notas en las mejillas. Te vi escondiéndote entre máscaras, te vi sonriendo metafísicamente, te vi cubriéndote de sombras, de esa sombra. Te vi sin verte, te vi borrando nuestros cuentos, te vi deshaciendo aquellos nombres. No te vi. No se logra verte ya.

Tu cuello se fue estirando, de forma curiosa. Comenzaste a abrigarte de ese naranja que te sienta bien, que se funde con la piel. No lo veo, imagino. Mientras la tierra se deshacía bajo tus pies, seguías tallando, con un talante despreocupado, casi risueño. Un instante antes de la oscuridad total y eterna, una centella iluminó el rostro. Cómo pudiste reírte, cómo podías reír. Unos hilos violentos atravesaban tu boca, la prensaban. Eras presa del silencio, presa de una sombra, vestías de presa salvaje.

Cayeron las palas al descanso. Se fueron manchando el camino, a carcajadas, a zancadas, con un baile curioso. Pero el silencio penetraba la noche y la tierra, húmedas y olvidadas.

29/03/08